lunes, 16 de agosto de 2010

negro


Borro con saliva el punto reseco en mi garganta. Me levanto de la cama. Tomo un vaso de agua y una fruta. Un baño. Corro la puerta del closet y elijo usar guantes de pobre. Ir a tu casa. Sentarme en el comedor. Ver a tu madre, que no ha cambiado nada, sonreír. Tomar una manzana del frutero y regresarla. "Raptarte".
Dormir contigo. Tomar un baño. Correr la puerta del closet y usar perfume. Leer mis libros en la biblioteca pública. Mirar la luz del sol pegando de lado en los edificios antes de irse, y desear por único momento que no llegues a buscarme inmediatamente. Esperar media hora más durante la noche, la media hora más larga. Ser mi boca cuando llegues por mí. Ser mi mano al recorrer la calle. Esta noche te cocino algo nuevo, ¿nuevo?, sí, quiero aprovechar las cebollas que dejó Ninón, fugazzeta sin pan, ¿qué te parece?, me encanta, pero no es nuevo.

Tienes razón.

Borro con saliva el punto reseco en mi garganta. Me levanto de la cama. Pongo agua para el café. Te miro desde la mesa. Este café es perfecto, me siento enamorada de él, ¿quieres?, sí, y te llevo un poquito. Te encanta.

8 comentarios:

  1. A mí también me gusta el amarillo naranjoso de los edificios cuando cae la tarde. Lo que no entiendo es la fugazetta ni la pizza argentina. Hay una parte de mí que no entiende a la cremosa Argentina y extraña el acido peruano. Extraño el café.

    ResponderEliminar
  2. Si te portas bien (ja!) te podemos hacer conseguir un poco de café peruano, Samuel.

    ResponderEliminar