lunes, 19 de septiembre de 2016

¿De qué está hecha una casa?



Jesús y Paula llegaron con su niña en brazos a pensar en el deber. A no olvidar a sus padres, hermanos y maestros. El viejo se puso a mirar la cocina y recordó lo pobres que eran. Un día en que llegó con verduras, frutas y hasta carne, la niña exclamó: ¡cuánta cosa! Él no pudo contener el llanto. De pasado.

Entre todas las tristezas del mundo, yo he creado la que siente mi madre al saber que no soy tan limpia, que no soy tan fuerte y que nunca seré tan hábil. No sé domesticar muros y les dejo crecer arañas. No aprendo a cerrar la puerta y cerrar la puerta. De espacio vacío.

No sé qué tan viejos eran el naranjo y la vid. La sábila la planté yo misma. Ahora hay una palma. La miro al tiempo del ritual eterno de sacudo, doblo, desdoblo y extiendo pedazos de tela que cuelgan, que cubren. De años.

La primera vez que escribí algo para un maestro, este lo tomó entre sus manos y lo leyó para todos. Luego dejó brotar: ¡redondito! Yo volví a esta casa pero no sé cómo. Entré directamente a levantar al gato del suelo, se llamaba Tinto pero lo abracé y lo llamé Redondito. De palabras.

De niña casi no venía al comedor, aquí sólo comían los adultos. Pero el bisabuelo me dio un par de clases de violín junto al ventanal. Y aquí nos hemos hecho decenas o cientos o miles de fiestas. De música.

A veces no hay ningún ruido. A veces se puede escuchar el aire que sopla entre las hojas de un pirul enorme a dos casas de aquí. Pero se oye el tren. Tuve unos vecinos que sufrían mucho por mi ruido y de día peleaban a gritos, yo supe todas palabras que se dijeron. Ya no hay nadie ahí. De silencio.

Mi hermano pasa enfrente de cada una de las puertas y ventanas, silba para anunciar que está aquí. Llega al fondo de la casa y sin querer inclina su cabeza para un lado, como un animalito, y luego se acerca. Vamos a comer, dice. Y siempre comemos bien. De fe.

De la pared del comedor salen dos calles anaranjadas de una ciudad que no existe. Un gato mira desde lo alto la sombra del beso de dos amantes que se han separado. Abrimos un muro para pasar entre dos cuartos y en el dintel yace un corazón desnutrido al que se le va cayendo un curita. De ficción.


Los niños pequeños vienen a regar las plantas. A los niños les gusta el Sol. Tal vez al Sol le gustan los niños y se alimenta de sus pielecitas rojas. Tal vez nos vio correr y contemplar las plantas a mí y a mis primos y a mi abuela y a mi papá. Tal vez también le gustan los perros y las moscas. De verdad.

viernes, 10 de junio de 2016

Entonces


enderézame
abre mis hombros con tus manos

martes, 5 de abril de 2016

Interrumpimos


Mis padres,
ella y él,
posesos
desposeídos
en el sofá

miran una telenovela

yo cruzo la mirada
otra vez
como un toro de lidia
la persona

como taza de café

(no sé de eso, pero lo supongo)

ella y él se cansan

de pensar y no pensar

noticia de último minuto
interrumpimos la transmisión

mismo segundo

recuerdo que:

me sirvo un café
si me sirvo un café
para hacerme pequeña
sumergirme en él.


domingo, 27 de marzo de 2016


Entonces viene Dios
como un fantasma
me soba la cabeza
pero padre sí tengo
entonces
por qué

viernes, 25 de marzo de 2016

Rezo




Madre,

si una persona me gusta
y me dice de mí muchas cosas
y me dice
que yo puedo hacer todo lo que me proponga,

¿debo creerle todo,
incluso esto último?
¿Debo creer esto último
y no creer las otras cosas?
¿Debo creer sólo esas cosas?
¿Y dudar de mí?

¿Debo empezar a escucharlo
sin medir
la distancia entre sus hombros?

sábado, 12 de marzo de 2016

La vida


Mi amor estaría orgulloso
si me viera
mi corazón
reventaría de placer.


Porque esta noche cualquiera
cualquier
cualquiera
que me ame
la noche
se daría cuenta de que yo.
Te amo.


Y si la vida
me vuelve
a preguntar
por ti.
Si la vida vuelve a mí
me pregunta
yo le hablo
de ti.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Carajo

http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/28231/la-leyenda-del-tiempo/

Estaba pensando en el Alzheimer cuando. Estoy segura de haber estado pensando en el Alzheimer cuando dejé ir otro pensamiento que además, ya tenía destinado a un pasaje al acto. Y entonces, cuando no pude recordar, me dije, carajo, sé que esta no es la primera vez.
Soy acróbata: el sentido común, a pesar de mí, el de la gente, dice que no debería seguir actuando. Tengo una retahíla de adjetivos y cada uno ha sido medido contra el viento para atarse a la cola de mi Alzheimer. Pero.
Sé que un día, cuando se me diagnostique el Alzheimer, toda ilusión de empatía con mi prestidigitación, será tragada como por un remolino, por una mierda sin nombre para la cual, dos hijos de puta al mes, toman el nombre de la historia.

Tú. Eres la hoja que siempre vuelve a crecer.