miércoles, 12 de abril de 2017

Jacopo



Hace tanto calor que es mejor no moverse. No me muevo de casa. Un recuerdo pasa muy despacio frente a mí, se resiste a caer: es el nombre de un extranjero, pero no tengo idea de quién es. Tal vez lo conocí en internet o en el año en que llegué a Querétaro. Tal vez lo conocí en internet en el año en que llegué a Querétaro. Ese nombre no me lleva a ningún rostro. No lo reconozco. Es como el eco de la voz de un fantasma. Podría ser agradable, tal vez hablé con él. En algún momento dejó de importarme y ahora no sé quién es. Hay demasiada gente en mi vida. Estoy más acostumbrada a topar en la calle el rostro de un desconocido conocido. Como el poema de José Luis (Qué extraño tan diferente, pero este sería "qué extraño tan conocido"). En la calle hace tanto calor que es mejor no moverse. No lo conozco. Mi mente se ha convertido en un mueble viejo y yo soy la necedad absurda y soberbia de todo tiempo pasado fue mejor. No sé por qué pienso en cosas como esta, en este clima. No estoy segura de la lógica en refrescarse con silencio. No me conozco. Tal vez mi vieja mente me lo puso enfrente para hacerme despedir de él.

jueves, 23 de febrero de 2017

Coherencia



Me parece igual de coherente volver a nacer o haber nacido después de la muerte que no hacerlo con el cuerpo ni con la mente ni con el nombre ni con el rostro ni con el agua ni con los pies helados a las tres de la mañana ni con la preocupación ni con la forma de llamarla en lugar de angustia o maternidad en lugar de pose, posesividad o como se pinches llame ser más de una persona, hablar con alguien. Ni con las ganas de llorar que nada más se quitan llorando ni con las ganas de llorar que no se quitan ni con el llanto ni volver a nacer con el puro llanto de la otra vez. El llanto, el dolor, para qué volver a nacer y dar las gracias. Pero gracias. Así me enseñó mi madre.

lunes, 19 de septiembre de 2016

De qué está hecha una casa



En 1927, Jesús y Paula llegaron con su niña en brazos a pensar en el deber. A no olvidar a sus padres, hermanos y maestros. El viejo se pone a mirar la cocina y recuerda lo pobres que eran. Un día en que llegó con verduras, frutas y hasta carne, la niña exclamó: ¡cuánta cosa! Él no puede contener el llanto. De pasado.

Entre todas las tristezas del mundo, yo he creado la que siente mi madre al saber que no soy tan limpia, que no soy tan fuerte y que nunca seré tan hábil. No sé domesticar muros y les dejo crecer arañas. No aprendo a cerrar la puerta y cerrar la puerta. De espacio vacío.

No sé qué tan viejos eran el naranjo y la vid. La sábila la planté yo misma. Ahora hay una palma. La miro al tiempo del ritual eterno de sacudo, doblo, desdoblo y extiendo pedazos de tela que cuelgan, que cubren. De años.

De niña casi no venía al comedor, aquí sólo comían los adultos. Pero el bisabuelo me dio un par de clases de violín junto al ventanal. Y aquí nos hemos hecho decenas o cientos o miles de fiestas. De música.

A veces no hay ningún ruido. A veces se puede escuchar el aire que sopla entre las hojas de un pirul enorme a dos casas de aquí. No estamos cerca, pero se oye el tren. Tuve unos vecinos que sufrían mucho por mi ruido y de día peleaban a gritos, yo supe todas palabras que se dijeron. Ya no hay nadie ahí. De silencio.

Mi hermano pasa enfrente de cada una de las puertas y ventanas, silba para anunciar que está aquí. Llega al fondo de la casa y sin querer inclina su cabeza para un lado, como un animalito, y luego se acerca. Vamos a comer, dice. Y siempre comemos bien. De fe.

De la pared del comedor salen dos calles anaranjadas de una ciudad que no existe. Un gato mira desde lo alto la sombra del beso de dos amantes que se han separado. Abrimos un muro para pasar entre dos cuartos y en el dintel yace un corazón desnutrido al que se le va cayendo un curita. De ficción.


Los niños pequeños vienen a regar las plantas. A los niños les gusta el Sol. Tal vez al Sol le gustan los niños y se alimenta de sus pielecitas rojas. Tal vez nos vio correr y contemplar las plantas, a mí y a mis primos y a mi abuela y a mi papá. Tal vez también le gustan los perros y las moscas. De verdad.

viernes, 10 de junio de 2016

Entonces


enderézame
abre mis hombros con tus manos

martes, 5 de abril de 2016

Interrumpimos


Mis padres,
ella y él,
posesos
desposeídos
en el sofá

miran una telenovela

yo cruzo la mirada
otra vez
como un toro de lidia
la persona

como taza de café

(no sé de eso, pero lo supongo)

ella y él se cansan

de pensar y no pensar

noticia de último minuto
interrumpimos la transmisión

mismo segundo

recuerdo que:

me sirvo un café
si me sirvo un café
para hacerme pequeña
sumergirme en él.


domingo, 27 de marzo de 2016


Entonces viene Dios
como un fantasma
me soba la cabeza
pero padre sí tengo
entonces
por qué

viernes, 25 de marzo de 2016

Rezo




Madre,

si una persona me gusta
y me dice de mí muchas cosas
y me dice
que yo puedo hacer todo lo que me proponga,

¿debo creerle todo,
incluso esto último?
¿Debo creer esto último
y no creer las otras cosas?
¿Debo creer sólo esas cosas?
¿Y dudar de mí?

¿Debo empezar a escucharlo
sin medir
la distancia entre sus hombros?