madriguerra
sábado, 18 de mayo de 2013
Flor de mártir
Torrente sanguíneo golpe de pecho pecho grito desgarramiento. Mi cuerpo se sabe cárcel de esta sangre. Que corre y se convierte en ojo, y mira: cielo barro vidrio, orejas grandes de perro de pelo corto. Aire contra piel, piel contra aire. No hay salida. El canto es una caricia de sangre a sangre. Pero yo no canto, nadie me escucha, las moscas vuelan a mi alrededor. Murmuran.
lunes, 22 de abril de 2013
Fade out
Camino descalza por las vigas del techo de este cuarto y me pregunto por qué la vida tiene que ser tan complicada. Tú me miras desde tu casa, con tu visión periférica, igual que ves a los pájaros que pasan por cada una de tus ventanas perfectas. De dónde entonces viene la voz que dice "ya hace varias horas te olvidé".
lunes, 11 de marzo de 2013
Mal comer
No tengo mucho qué decir excepto hastío. Hastío y luego una ilusión liberadora de lanzarme desde lo alto un edificio. Este sueño termina en que muero, pero muero enojada y sola y y enojada y el carbón me pinta en la boca la palabra no. Entonces está decidido: me voy. Guardo mis cosas despacio, como si tuvieran nervios y pudieran sentir un golpe. Hago lo que puedo por despedirme sin decirles que no los vuelvo a ver nunca, pero la puerta suena cuando se abre, dice rencor, me detiene.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Araña estrella meteoro bala
Encontré una araña negra, del tamaño de una nuez, en el techo del baño, mientras orinaba. El pánico ocurrió hasta que crucé la puerta. Proferí un quejido patético, es verdad. Le provoqué preocupación a alguien y algún brote de odio a otro más, qué importa.
Volví al baño con un zapato y la araña seguía en el mismo sitio. Cuando bajé la vista para apoyarme en un mueble, saltó, no sé a dónde, en menos de un segundo estaba bien oculta en alguna orilla inalcanzable de la burbuja acrílica del techo. O en las toallas, o en mi cabeza.
Me sacudí el cabello. Me sacudí los hombros, los brazos y las nalgas. Salí del baño. Salí a quejarme de nuevo. Pedí ayuda. Nada.
Hay una araña escondida en mi baño, mañana saldré al trabajo sin bañarme, apestando a miedo. Araña, estrella negra, centro del mundo que vino a buscar la muerte junto a mí: esta música es para ti.
viernes, 1 de febrero de 2013
Afwagting
Creo saber qué sentiría si te tocara. Lo sabría también si no te hubiese tocado nunca qué gran mentira. Como si hubiera observado y recordara claramente el color de tu piel y tu sonrisa, que es como el niño que anoche en un sueño me sostenía la mirada.
Es hora de dormir otra vez, pero hay algo que quiero saber.
domingo, 13 de enero de 2013
Infancia
A mí ni Dios ni nadie me toma de una mano, por un lado, y no del pie del lado opuesto por el otro para darme unos jalones y luego no, no me deja caer en su rodilla regordeta de bebé, ni me le quedo ahí embarrada como un pedazo de cuero.
La vida no me muestra una sonrisa tan intensa que yo dé pasos de espaldas hasta quedar quieta y pegada a la pared, como un bicho ponzoñoso que no pierde esperanza de no ser aplastado por aquello, enorme, que está casi encima suyo. No.
miércoles, 2 de enero de 2013
Fraude
Alan me enseñó a preguntar "¿por qué hiciste eso?", despacio, de manera que cada palabra se plante frente al otro -que entonces fui yo- y le haga, por sí misma, la pregunta completa.
Si algo pregunta el que pregunta, realmente es: ¿sabes por qué hiciste eso? Pero además de preguntar, la pregunta quiere decir que el que la planta (la pregunta) sabe que el otro ya se preguntó lo mismo y se tuvo qué decir, en algún momento: no lo sé.
El que pregunta sabe todo eso porque hubo un contrato, una confianza que se dio con la confianza de que no se iba a quebrar, y se quebró; y al preguntar no quiere que le ofrezcan una disculpa precisamente, ni quiere que le pidan perdón.
Sin embargo, al menos en español, lo que quiere decir no tiene otro nombre que "¿por qué hiciste eso?", y eso no lo inventé yo; me lo enseñó Alan.
Hoy pienso en Alan y sé que le debo una disculpa aunque se la haya ofrecido. No recuerdo con qué palabras le respondí, pero sé que al preguntarme me dio la oportunidad de presentarle mi pena de haber fallado, aunque entonces no supiera responder.
"¿Por qué hiciste eso?" Seguramente le pedí una disculpa, fue una pena que justo él tuviera que atestiguar el vulgar espectáculo de mi humanidad.
Por otro lado, nadie más que él me pudo enseñar qué se dice cuando le has pedido a tu primo que le dé clases a tu amiga, y tu amiga toma las clases, dos, tres cuatro, tal vez diez, y luego desaparece sin decir nada, y luego vuelve a aparecer no en las clases, sino en tu casa.
¿Cómo está tu primo? Bien. Me dijo que dejaste de ir. No le llamaste ni nada. ¿Por qué hiciste eso? Lo que le respondí no fue por qué, pero espero que sepa que lo lamento. Lo lamento, sí, como me enseñaron a decir los doblajes de películas en inglés cuando le he fallado a alguien y no importa en absoluto el porqué.
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