miércoles, 28 de abril de 2010

ANA


No encuentro lúdicas las formas de las letras, ni me interesa perderme en el alegre, ni el oscuro sinsentido  del sonido de ninguna por sí misma.  No les amo. No amo libros ni palabras, no tengo favoritos, y tengo qué decir que tampoco les temo. El mundo se puede volver un mejor lugar gracias a ellos sin mí.

¿Y qué?
Cuando yo muero ninguna letra pierde las ganas de vivir. Si yo quisiera llorar nadie renunciaría a las llantas de su auto, a llenarse la boca de dulces o a ignorar la lluvia en la ventana.

Es tan inútil amar a las letras como guardar un secreto. En mi vida es así. A todos ustedes no los entiendo.

lunes, 26 de abril de 2010

el pueblo 1

Casi todas las historias comienzan así: "yo tenía diecisiete años...". Luego hay que enterarse de alguien más, un él o una ella. A veces ellos o ellas. Casi siempre se sabe también el dónde. Y casi, casi siempre con eso es suficiente para saberlo todo.

Esta vez el dónde hasta los diecisiete años, me ha hecho el resto de la vida tanto como mi nombre. Llevo la calma y la pequeñez de mi pueblo conmigo y en mí se repite el ansia y el desconcierto de crecer, el vértigo de dejar de ser un lugar pequeño y simple y llenarse de gente, de nombres y de expectativas casi siempre descontroladas, hasta perder la noción de lo que se es o protegerse de la locura en alguna ficción... o en la locura de alguna ficción.

No creo que exista algún lugar dónde crecer en el cual nadie pueda volverse loco.

jueves, 22 de abril de 2010

Yo rezo:



No barco, ni océano ni capitán, ni historias ridículas de humanos
antes de ser alimento de gusano.

No noticiero. No tema. No error.

Y tampoco se dice aquí: me gustan tus manos.
¿Puedo tocarlas?
¿Puedo acompañarte al baño a lavarlas?

Se mira flotar la última gota de agua y se llora sin lágrimas.

miércoles, 21 de abril de 2010

¿Qué traes ahí?



Es un librito, un librejo de fantasía con mucho terror psicológico y ganas de correr, gritar y a veces de follar. Y a veces de tomar a una persona de los hombros y darle un pequeño beso, y a veces de tomar a una persona de los cabellos y arrastrarle por todo el país y otro, y otro país más mientras él clama: auxiliosocorromisericordia, ríos, mares, tierra, cemento, basura, día y noche. Es dulce.

simple


Eran las seis con treinta y seis y no podía ser ninguna otra hora de la tarde porque la luz del sol estaba desapareciendo y el vecino cantaba en el baño, y puede usted preguntarle a la encargada; él llega todas las tardes a las seis y media y de inmediato se mete a bañar. Él es tenor, ¿sabe, usted?, me alegra siempre la tarde cuando lo escucho. Yo le pediría que me diera clases pero le temo tanto al fracaso que he preferido evitar esas ilusiones. Si tuviera un poco de éxito en ello intentaría mejorar, pero por ahora no lo haré. De niña cantaba en un coro y, tal vez usted no me crea, pero más grande canté con un grupo de rock. Tuvimos dos presentaciones en el patio de la biblioteca de mi pueblo y no puedo olvidar a la niña gorda que parada frente a mí se puso a pedir a gritos otra cantante, habrá notado que no me sentía nada bien... Sin embargo me gustaba cómo nos quedaban las canciones y amo cantar. La última vez que canté en público pensé que de ninguna forma era tan feliz como haciendo aquello, pero ya pasaron muchos años, demasiados años en que fumé mucho y lastimé mi voz. Imagínese si además no hubiera superado el temor a hacer el ridículo, no me quedaría más remedio que dejar el micrófono solo y echarme a llorar como una niña...

... no se precupe, entiendo. Puede llamar cuando guste. Hasta pronto.

Adios.

martes, 6 de abril de 2010

pedir el perdón



Si de tu casa de cemento
llegara a mi casa de cemento
para no viajar constantemente sin hacer sonar la puerta
toda la vida,
de madera,
hasta la muerte.